Imagen Horacio Abril en Ituzaingó

Venimos, durante algunas semanas, hablando sobre Abundancia. Dijimos, entre otras cosas, que no es acumulación, ni queja, que tampoco soporta la comparación con los demás. Que sí, es siembra y generosidad, que sí, supone ciertos límites y dificultades. En el día de hoy sugerimos que Abundancia se relaciona muy bien con la vida sencilla.

En el mundo de hoy vivimos movidos por muchas cosas, por factores diversos  que llevan a la dispersión, a la complicación, a ir siempre corriendo de un lado a otro. De ahí que uno de los éxitos actuales sean los espectáculos que tienen que ser cada vez más grandiosos para que llamen la atención. Hasta tal punto se puede llegar a esta situación de estrés que lo cotidiano, lo más normal, lo sencillo no basta, no sacia, no llena…, se desliza a nuestro lado sin que nos demos cuenta y hasta las cosas más maravillosas pueden pasar desapercibidas: un amanecer, un abrazo, un saludo afectuoso, el encuentro con un amigo, el encuentro con la naturaleza…ya no son suficientes para dar color a la existencia.

La Abundancia te hace sentir bien, cada día, en cada hora, aunque no pase nada excepcional, aunque no hayas hecho nada espectacular.  La persona plena en medio de las cosas más sencillas, de lo normal es feliz. Esto tiene mucho que ver con reconocer la grandeza de lo cotidiano, con ser conscientes de los tesoros que tienes delante.  Tesoros que no tienen precio y no se pueden comprar. Son gratis. El abrazo de un amigo, el amanecer, el atardecer, el olor de una flor, la suave brisa de la mañana, las lágrimas de un bebé, la sonrisa de un anciano, el fino murmullo del agua…, no están en las rebajas, ni en ningún supermercado

Para deleitarse en estos regalos tampoco hace falta gastar la salud, ni la mente, ni el tiempo ganando dinero, están ahí,

Imagen Paco Castro ofm en Alto do Cebreiro

al alcance de la mano. El que no sabe disfrutarlas no podrá tampoco, por mucho dinero que tenga, saborear otras de mayor valor económico que se compran con el dinero…, por eso se dice que el dinero puede comprar una cama, pero no el sueño, una casa, pero no un hogar, un reloj pero no el tiempo etc. Se puede aplicar este símil; cuando una persona es abundante toca una piedra y se convierte en una perla preciosa; una persona dispersa y distraída le regalan una perla preciosa la embarra y la transforma en una piedra.

La vida es, en sí misma, una perla preciosa que muchas veces podemos taparla con basura. Aprende a gozar, a deleitarte, a disfrutar las cosas sencillas y convertirás tu existencia en una vida plena y abundante.

Gumersindo Meiriño Fernández

 

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