El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar,
El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo.
El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño.
El dinero puede comprar un libro, pero no el conocimiento.
El dinero puede pagar un médico, pero no la salud.
El dinero puede comprar una posición, pero no el respeto.
El dinero puede comprar sangre, pero no la vida.
El dinero puede comprar sexo, pero no el amor.
El dinero puede comprar un buen profesor, pero no la educación.
El dinero puede comprar un buen payaso, pero no la sonrisa.

Me contaba un amigo que conoció a alguien del mundo empresarial que insistentemente le recordaba: -Usted lo que necesita es alguien “de maletín”.
-¿De maletín?- le pregunté a mi amigo.
-Sí, hombre, sí, de dinero, quería decir- contestó alarmado por la ingenuidad del amigo.

Quizás seamos un poco “hijos” mentales de los filmes norteamericanos. Les suena esa escena en la que una persona va a buscar algo a algún sitio y el encargado del lugar le rechaza diciendo: –“Eso que me pide es imposible”. Entonces la persona saca del bolsillo un manojo de dólares. Se vuelve a escuchar la misma voz –“ya le he dicho que no lo puedo hacer que eso está prohibido”. El interlocutor vuelve a sacar otro mazo de billetes, dólares por supuesto. Entonces el hombre agarra el mazo de billetes y contesta: “Está bien veré lo que puedo hacer”

Reconozco que muchas cosas buenas se pueden realizar si hay medios económicos pero….

El dinero es sólo un instrumento para utilizar con la inteligencia y con el corazón. El dinero debe fluir no quedarse pegado en el corazón ni ocupar demasiado la inteligencia. Porque el corazón no es para llenarlo de plata sino de amor. Y la inteligencia no es para llenarla con dinero sino con la verdad.

Ser rico, tener plata o no, en sí mismo, no es malo ni bueno. Lo que sí ayuda a ser persona es cómo utilicemos y para qué. Si uno se hace rico y piensa que ésa es la felicidad pronto tendrá que ir a un psicólogo para averiguar dónde está la felicidad. Las mayores riquezas y las que hacen que el hombre sea feliz no se pagan ni se compran. Se regalan con amor y se reciben con amor.

El que tiene dinero si lo hace fluir y no apega su corazón puede hacer feliz a muchas personas y el será feliz. El que no lo tiene y sabe vivir con dignidad, sin anhelar en su pensamiento el inútil deseo de tenerlo, también puede ser feliz.

Recuerdo a un padre, alto ejecutivo de una empresa famosa, llorar de rodillas delante de mí, joven sacerdote recién ordenado, porque vivía un calvario con el hijo. Me decía: «no lo entiendo porque yo siempre le he dado todo lo que quería, cuando me pedía plata o lo que fuera nunca se la negué». Y yo pensaba, “¡cuantas veces no somos felices porque no ponemos en su sitio «al poderoso caballero, don dinero!»

Lo importante no se paga: ni se compra, ni se vende. En realidad, pocas cosas realmente interesantes se pueden comprar con “la plata”.

Tomado del libro G. MEIRIÑO, Buenas Noticias del Padre GumerEditorial De Oriente a Occidente(www.editorialdeoao.com), ISBN 978-987-23370-1-8, pp. 23-24.

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