Foto Carlos Vitelleschi
Foto Carlos Vitelleschi

El salmo de hoy está dividido, intencionadamente,  en 22 versículos, relacionados con el número de letras del alfabeto hebreo.
Desde el principio rezuma de alegría, canto y júbilo.
Pues, es una buena propuesta.
Levantarse cada día con la novedad que  nos traiga cantando, con alegría, con gozo…, independientemente de mi situación anímica, de mis dolores, de mis pesares, de mis pre-ocupaciones.
Todo lo que quieras pero de ti y solo de ti depende el ánimo, la fuerza con que enfrentas cada jornada.
Pues hazlo recitando este salmo las veces que consideres, para que nada ni nadie te robe la alegría del corazón, el gozo de estar vivo y agradecido por ello.
Caminas bajo la mirada de Dios, ¿quién o qué puede hacer que caigas en la tristeza?
Bendecida jornada de alegría para ti y los tuyos. Hasta mañana.

SALMO 33-32

 

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones:

que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano.

Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y existió,
él lo mandó, y surgió.

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

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