aguila.-gumer.meirino

El que vas a recitar hoy no es un salmo, sino una pequeña parte del llamado Cántico de Moisés. En boca de este gran personaje de la Biblia se ponen estas hermosas y fuertes palabras.
Son ideas profundas que acompañan, al pueblo de Israel y, en realidad a cualquier persona, en su camino por este mundo. Si quieres leerlo entero está al final del libro del Deuteronomio.
Dios no es un ser lejano, malvado, inmerso en sus cosas, que da la espalda a la obra de la creación.
Al contrario, es una persona que se implica en el universo, se relaciona con el ser humano. Es tan próximo que lo acompaña, lo corrige, lo alienta, lo premia, lo advierte, lo castiga…., está presente.
En el fondo, lo mismo que haría cualquier buen padre con su hijo.
Recordar los acontecimientos que vivió el pueblo de Israel es traer a la memoria estas realidades.
¿Cómo?
De una forma misteriosa, igual que un padre normal y bueno, y, al mismo tiempo, de una forma distinta, misteriosa.
¿No te da aliento saber esto?  ¿Y más, si cabe, hoy, domingo, día de fiesta y regocijo en el espíritu?
Fíjate qué forma maravillosa de decirlo, como él águila toma a sus polluelos, así te lleva El, “sobre sus plumas”.
No tengas miedo a volar alto, como las águilas. Feliz día.

CÁNTICO DE MOISÉS (Dt 32,1-12)

 Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como orvallo sobre el césped.

Voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre, y te lo contará,
a tus ancianos, y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue el lote de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con él.

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