san-joseLa fidelidad. Cuando confías algo importante a otra persona esperas que sea fiel.
La misión de José fue cuidar a su esposa María y a su Jesús. Según nos consta la cumplió fiel, discreta y sencillamente. Y, luego desapareció, de forma que no conocemos.
La misión de padre es maravillosa. José es un buen espejo.
Hoy, toca agradecer a los que pusieron la parte humana para que nosotros estemos aquí en este mundo.
Hoy toca agradecer y orar por tu padre.
Hoy, también si te queda alguna brizna roja y negra de rencor con él, te toca restañarla y perdonarle desde el corazón. Nadie tiene derecho a juzgar a otra persona y menos a un padre al que le debe el mayor regalo que se puede recibir, la vida.Y recuerda también que en tu corazón hay una semilla de paternidad. Esto quiere decir que nos tenemos que cuidar unos a otros en este camino por la tierra, porque todos somos hermanos, hijos del mismo Padre, Dios, ¿o no es eso lo que decimos en el Padrenuestro?
Si quieres reza, pensando en él, es un canto a la fidelidad, es un poco largo, pero tu papá lo merece.
¿Feliz día, papá!
Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 89-88

Cantaré por siempre el amor de Yahvé,
anunciaré tu lealtad de edad en edad.
Dije: «Firme está por siempre el amor,
en ellos cimentada tu lealtad.
Una alianza pacté con mi elegido,
hice un juramento a mi siervo David:
He fundado tu estirpe para siempre,
he erigido tu trono de edad en edad».
Los cielos celebran tus maravillas, Yahvé,
tu lealtad en la asamblea de los santos.
 Pues, ¿quién en las nubes se compara a Yahvé,
quién se le iguala entre los hijos de los dioses?
Dios es temible en el consejo de los santos,
grande y terrible para toda su corte.
 Yahvé, Dios Sebaot, ¿quién como tú?,
eres poderoso, tu lealtad te circunda.
 Tú domeñas el orgullo del mar,
reprimes sus olas encrespadas;
machacaste a Rahab como a un cadáver,
dispersaste al enemigo con brazo potente.
Tuyo es el cielo, tuya la tierra,
fundaste el orbe y cuanto contiene;
 creaste el norte y el mediodía,
el Tabor y el Hermón te aclaman.
 Actúas con brazo poderoso,
fuerte es tu mano, sublime tu derecha;
 Justicia y Derecho, la base de tu trono,
Amor y Verdad marchan ante ti.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte,
que camina, Yahvé, a la luz de tu rostro,
 que se alegra todo el día con tu nombre,
que vive entusiasmado con tu justicia.
 Pues tú eres su esplendor y su fuerza,
con tu ayuda nos haces poderosos;
 sí, de Yahvé es nuestro escudo,
del Santo de Israel nuestro rey.
 Antaño hablaste en visión
a tus amigos diciendo:
«He prestado mi asistencia a un bravo,
he exaltado a un elegido de mi pueblo.
 He encontrado en David un servidor,
con mi óleo santo lo he ungido;
 mi mano le dará firmeza,
mi brazo lo hará fuerte.
 No lo sorprenderá el enemigo,
los criminales no lo oprimirán;
 yo aplastaré a sus adversarios,
heriré a los que lo odian.
 Lo acompañarán mi lealtad y mi amor,
en mi nombre se hará poderoso:
 pondré su mano sobre el Mar,
sobre Los Ríos su derecha.
 Él me invocará: ¡Padre mío, mi Dios, mi Roca salvadora!
Y yo lo nombraré mi primogénito,
altísimo entre los reyes de la tierra.

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