Foto Ruth Dacunda
Foto Ruth Dacunda

Así nos sentimos a veces, abatidos, tristes, desesperados, angustiados….Podemos ir a la cama con esos sentimientos u otros…
Al levantarnos no siempre los días son luminosos y despejados, a veces, aparecen nubosos, opacos, tormentosos, dan ganas de regresar a la cama y pasar allá todo lo que resta de la jornada…
Como el salmista de hoy.
Pero sí uno tiene memoria, conoce a Dios, ha vivido experiencias en el pasado similares, si se ha apoyado en El, recuerda algo fundamental, que el salmo nos trae a la memoria: “te abriste camino por las aguas”.
Las aguas de las emociones, de los sentimientos, de los pensamientos parece que nos ahogan, pero también, en esos momentos, te abrirás camino por las aguas, y regresarás al camino de la confianza, de la paz.
Nos unimos hoy de forma especial a aquellos que puedan estar pasando por momentos d de nubarrones para que se abran paso por las aguas…
No dejes que te ahoguen nunca las aguas de las emociones tristes y negativas.
Hasta mañana, feliz día.

SALMO 77-76

Alzo mi voz a Dios gritando,
alzo mi voz a Dios para que me oiga.

En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios, gimo,
y meditando me siento desfallecer.

Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:

«¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera cierra sus entrañas?»

Y me digo: «¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del Altísimo!»
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.

Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como nuestro Dios?

Tú, oh Dios, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José.

Te vio el mar, oh Dios,
te vio el mar y tembló,
las olas se estremecieron.

Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.

Rodaba el estruendo de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el orbe,
la tierra retembló estremecida.

Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:

mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de Moisés y de Aarón.

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