Foto Ruth Dacunda
Foto Ruth Dacunda

Es costumbre colocar incienso en los lugares donde se ora, como se hace ahora en las iglesias católicas o en otros templos. La oración es como el incienso que sube lentamente al cielo. Es como la unión de la palabra, la intención y algo físico como el humo perfumado del incienso.
Así es tu oración sincera, incluso cuando recitas el salmo de hoy, con el corazón, la fuerza de tu aliento sube de forma similar…
No lo olvides tu oración es como incienso, alza tus manos, al atardecer, como nos recuerda el salmista de hoy. Al caer el sol también es una buena hora para hacerlo.
Paz y bien, feliz día.

SALMO 141-140-I

Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

[Caigan los impíos en sus propias redes,
mientras yo escapo libre.]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *