Foto Ruth Dacunda
Foto Ruth Dacunda

Ayer decíamos que el atardecer es una buena hora para elevar el corazón a Dios en la oración. Hoy el salmista nos dice en una situación de angustia, que está dispuesto a escuchar la gracia de Dios en la mañana.
En situaciones de angustia nos unimos a los sentimientos de este salmo. Recuerda si pasas por situaciones de angustia, no desesperes, Dios te escucha. Fíjate lo que dice el salmo,  te ayudará a dirigir tu pensamiento de forma adecuada a tu liberación: “indícame el camino que he de seguir…”, “enséñame a cumplir tu voluntad…”
Feliz día, bendiciones.

SALMO 142-141,1-11

Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame enseguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.
[Por tu gracia, destruye a mis enemigos,
aniquila a todos los que me acosan,
que siervo tuyo soy.]

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