Foto Ruth Dacunda
Foto Ruth Dacunda

Estos días llamó mi atención la presión social que se ejerce sobre la necesidad de conseguir dinero. Es tan fuerte que, muchos trabajan, luchan, se esfuerzan, −casi es el porcentaje más importante de su existencia−, en sacar dinero para poder ir pagando sus cosas, hasta las más elementales, agua, electricidad, comida…
Si nos descuidamos parece que vivimos para eso, para pagar cuentas.
Pero no es así. Parte de la vida, sí lo es, pero lo importante, lo que hace feliz al ser humano va por otro camino.
Aprender esta sutil diferencia forma parte del camino de la felicidad, trabajar para vivir o vivir para trabajar.  Aprender a darle su lugar, −en la existencia de cada día− al dinero y a lo material.
La diferencia no es entre pobres y ricos sino entre aprender e irse en paz; o no aprender e irse amargado de este pequeño planeta llamado tierra.

Hasta mañana, paz y bien.

Salmo 50-49

Oíd esto, pueblos todos; escuchad, todos los habitantes del mundo,
tanto los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente.
Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón, entendimiento.
Inclinaré al proverbio mi oído; declararé con el arpa mi enigma.

¿Por qué he de temer en los días de adversidad,
cuando la iniquidad de mis perseguidores me rodee?
Los que confían en sus bienes y de sus muchas riquezas se jactan,
ninguno de ellos podrá, en manera alguna, redimir al hermano ni pagar a Dios su rescate

(porque la redención de su alma es de tan alto precio y no se hará jamás)
ni vivir en adelante para siempre, sin ver nunca la sepultura.

Porque él ve que los sabios mueren del mismo modo que el necio
y el insensato perecen, y dejan a otros sus riquezas.
Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas,
y sus habitaciones para generación tras generación;
dan sus nombres a sus tierras.

Mas el hombre no permanecerá en los honores;
es semejante a las bestias que perecen.
Este su camino es la locura de ellos; con todo,
sus descendientes se complacen en el dicho de ellos.

Como a rebaños que son destinados para el fuego, la muerte los pastoreará,
y los rectos se enseñorearán de ellos por la mañana.
Y se consumirá su buen parecer en el fuego, lejos de su morada.
Pero Dios redimirá mi alma del poder del fuego, porque él me recibirá.

No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la gloria de su casa,
porque cuando muera no llevará nada ni descenderá tras él su gloria.

 Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma, y sea elogiado porque prospera,
entrará en la generación de sus padres, quienes nunca más verán la luz.
El hombre que goza de honores y no entiende, semejante es a las bestias que perecen.

One thought on “Cada día doce de julio, salmo 50-49, trabajar para vivir o vivir para trabajar

  1. Es sin lugar a dudas, el mayor reto que tenemos en éste momento las personas.
    Aumentado y camuflado en estrategias publicitarias, quienes más y quiénes en menor medida, perseguimos esa supuesta felicidad «prometida y reservada», solo para aquellos que logremos alcanzar y poseer ese preciado bien.
    No queda nadie fuera de éste círculo, no importa clase social, raza, credo, edad o actividad que desarrollan, todos más temprano que tarde, abrazamos este concepto.
    Olvidamos en ese instante, lo elemental del ser humano, y es que, las personas somos seres sociales y, como tales, lo único que realmente no da felicidad, es la interacción con nuestros congéneres.
    Un consejo, si puedes sentarte a comer el mejor restaurante del mundo, trata de no estar solo. Pero, si tu plato de comida te lo ha obsequiado un alma caritativa, trata de compartirlo.
    Paz y bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.