de oriente a occidente

─Lo que era y lo que soy. No sé si se acuerda, lo que cambió mi vida. Ahora estoy libre, vuelo, me siento bien─ comenta alegre─. Es como que alguien me tomó de la mano y me alzó del barro, ahora estoy liviano, no me cuestan tanto las cosas, no duermo catorce horas, como antes, ahora solo, las justas.

Es bastante común, cuando alguien se encuentra con Dios, entra en su interior, desde la verdad y la experiencia de lo divino, siente algo parecido a lo que comenta este amigo mío.

Le pasó lo mismo al escritor del himno que te propongo para rezar hoy, hace miles de años cuando decía: “como águila lo tomó sobre sus alas y lo llevó sobre sus plumas” ….

Cuando hagas una experiencia real de Dios, “volarás alto”; cuando sientas de verdad a Dios en tu corazón,   no chocarás, ni te pesarán en excesos las preocupaciones o tareas en las que te sumerjas cada día, porque caminarás por el planeta tierra sin cargas, “ligero de equipaje”, con alegría, con optimismo.

Deja que Dios entre en tu corazón y vuela como águila.

Cántico: Dt 32, 1-12

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿no es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo
no hubo dioses extraños con él.