Foto Patricia Wenk
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¿De qué le sirve al que ora, que Dios sea Roca, Todopoderoso, Misericordioso, si no le escucha?
Ahora bien, si le escucha, entonces, el que ora se siente en paz, tranquilo, confiado…
La oración es cosa seria, muy seria. De poco le vale al malvado elevar sus manos al cielo, si lo hace con doblez, por puro interés o con intenciones desleales…
Dios no solo es Roca y Refugio, sino que el escucha la voz del que le llama, cuando es sincera, auténtica…
En realidad, Dios escucha todas las voces, pero el corazón del malvado está cerrado para escuchar y para recibir los dones del Padre del cielo, cuando lo está, la oración le da confianza y “me socorrió y mi corazón se alegra”.
Alegría para tu corazón, hoy y siempre. Feliz jornada.
Hasta mañana.

SALMO 28-27

A ti, Señor, te invoco.
Roca mía, no te hagas el sordo;
que si enmudeces seré como
los que bajan al sepulcro.

Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando levanto las manos
hacia tu templo sagrado.

No me arrastres con los malvados,
ni con los malhechores:
saludan con la paz al prójimo
y con malicia en el corazón.

Dales lo que merecen sus obras
y la maldad de sus actos,
dales según la obra de sus manos,
devuélveles lo que se merecen.

Como no entienden las proezas de Dios,
ni la acción de sus manos,
¡que él los derribe y no los reconstruya!

¡Bendito sea el Señor
que escuchó mi voz suplicante!

El Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón.
Me socorrió y mi corazón se alegra;
le doy gracias con mi cántico.

El Señor es mi baluarte y refugio,
el salvador de su Ungido.
Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad,
guíalos y sostenlos siempre.

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