Foto Analía Solís
Foto Analía Solís

El sentimiento de culpa, el remordimiento puede dejar en el ser humano heridas muy profundas. A lo largo de la historia hay muchos casos.
No temas a la misericordia de Dios, pero tampoco a la de los seres humanos.
¿Qué quiero decir? Perdona y pide perdón, vive esa experiencia, no la olvidarás nunca, te quedará grabada en el corazón.
Con respecto a Dios, El perdona siempre, recibe su perdón, aprende de su misericordia. Un corazón que recibe la misericordia de Dios nunca pierde la alegría, nunca. Así termina el salmo: “Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero”.
Hasta mañana, paz y bien.

SALMO 32-31

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación
.– Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.