meirino fernandez por la mañana

El ser humano tiene algo de infante, aunque cumpla cien años. Pasan los años y puede que a ti también te quede esa reliquia de niño-a que parece que nos sigue el resto de la vida, por muchos años que cumplamos.
Ese “resto infantil” por decirlo así quizás nos ayude a entender este salmo y algunas situaciones difíciles de nuestra existencia.
¿Quién no ha pasado por momentos de dificultad, de pruebas, de desolación?
Pues bien, cuando estés en esa situación recuerda lo que dice el salmo de hoy, por mucho que pase yo confío en Dios y por la mañana me levantaré como nuevo, dando gracias a Dios y encarando la vida con fe, con confianza, con fuerza… y así se siente uno cuando es niño, necesitado, abandonado y acude a sus papás; tú llama a tu Papá Dios.
Y para ello pide con esas mismas actitudes guía a Dios, tu Papá.
No sé si desaparecerán completamente las tribulaciones y las causas que la provocan lo que sí sé es que tu actitud será distintas y te afectarán mucho menos.
Así dice el salmo: “En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti”
Pasara lo que “haya pasado”, ayer; hoy, es otro día y es hermoso empezar la jornada de  forma distinta.
Buen día amigo-a, hay quien guía tu camino. Hasta mañana.

SALMO 143-142,1-11

Señor, escucha mi oración;
tú, que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú, que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.

El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está yerto.

Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.

Escúchame enseguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.

En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en ti.
Indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a ti.

Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es bueno,
me guíe por tierra llana.

Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame de la angustia.

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