17012014-17-janvier-2014-39_15136650739_oEstos tres últimos días varias personas se han puesto en contacto y me han comentado que no saben muy bien qué les pasa pero que han surgido algunas dificultades en su vida y que se han puesto a llorar. No saben el motivo pero, el argumento de todas es similar, «no paro de llorar».
No es tiempo de analizar el significado profundo de las lágrimas, pero sí se puede ver cómo ir saliendo con paz de esa situación que a veces nos provoca angustia, cierta tristeza o cualquier otra emoción fuerte guardada, aprisionada… y saltan las lágrimas a raudales.
Fíjate en el salmo de hoy: «guárdame como a la niña de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme».
Es un buen lugar para ir derramando las lágrimas que surgen en tu corazón y sangran en tus ojos.
Sea cual sea tu situación tienes un refugio cierto que poco a poco te liberará de esos pesos, de todo lo que asalta la fortaleza de tu paz y tu armonía interior. Vete al corazón de Dios y métete en Él.
Esas lágrimas se transformarán en serenidad y paz.

Salmo 16 (17) 1-9


Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.

Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.

Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus mandatos yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me cerca.