lento a ira y rico en piedadEste es otro de los salmos que encandilan el alma y la mente.
Contiene un sinfín de enseñanzas, de sugerencias.
Puedes incorporar cualquiera de sus frases preciosas, o elegir ésta en la que se dice que Dios es “lento a la cólera,  rico en piedad y leal”.
Todavía resuena en mi mente uno de los hombres que tenía frecuente relación conmigo y que se enojaba fácilmente, como sabía que eso no me gustaba, se me quedaba mirando y decía: “¿Cómo quiere que no me enfade, mire lo que han hecho o dicho?”.
No te enojes nunca. Aprendí de un buen amigo que el que se enoja, traiciona su inteligencia.
Dios no lo hace ni lo hará nunca. Dios es piedad, misericordia, lealtad. Lento para enojarse y rapidísimo para perdonar.
Ahora bien, amigo-a, eso no quiere decir condescendiente con el mal, con las chapuzas, con la grosería y la maldad….
No uses malas palabras, no grites, no insultes, no menosprecies, sé lento para esto.
Corrige con piedad, con misericordia, con lealtad….
Eres una persona rica, millonaria. Compórtate como tal, generosamente. Reparte tus dones, sé espléndido con todos los que te encuentres, da lo que abunda en tu corazón: misericordia, piedad, lealtad…
Feliz día para los lentos en el enojo y, también, para los ricos  en clemencia, piedad y perdón.

SALMO 86-85

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios».

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
13por tu gran piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mirame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

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