Foto Patricia Wenk
Foto Patricia Wenk

La salud es un don del que, parece, no somos de todo conscientes hasta que lo perdemos momentáneamente o completamente. Entonces nos desesperamos por recuperar ese maravilloso don.
Cuida tu cuerpo, mímalo, respétalo. En la comida, en la bebida, en el deporte, en el descanso…, no juegues con la salud. Cuida los excesos en comidas y bebidas, cuida los excesos en deporte o en sedentarismo, cuida los pensamientos, el estrés….
Reza por los enfermos, acompáñalos, ten compasión y misericordia, visítalos …
Y si ahora el don de la salud te acompaña, da gracias y, no lo olvides, cuídala.
Hasta mañana, bendiciones.

Hoy es día de san Pedro y san Pablo.

SALMO 41-40

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti».

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido».

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse».

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

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