salmo 127-126

Hay varias formas de trabajar.
Una de ellas es dedicarse a la labor, solo y exclusivamente por una recompensa material, por un sueldo. Decía en broma un señor de mi pueblo, cuando yo corría en pantalón corto por las piedras del patio de mi casa. “Si me encuentro con el que inventó el trabajo se las va a ver conmigo”.
Otra, es el que se dedica a su trabajo, con amor, con todo el corazón, con pasión por lo que está haciendo, aunque luego sabe que se lo van a remunerar.
En el primero hay poca satisfacción, aun, cuando le suben el sueldo, a las pocas semanas  ya le parecerá escaso de nuevo.
En el caso del segundo, lleva una recompensa impagable en el trabajo mismo, es la mejor paga. Pero además sonreirá y agradecerá cada subida de sueldo, contento, agradecido a Dios y a los demás.
Trabaja como si todo dependiese de ti, pero no dejes de rezar como si todo dependiese de Dios, solía enseñar Ignacio de Loyola.
A trabajar pues, con amor y dedicación.
Hasta mañana. Bendiciones.

SALMO 127-126

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

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