Foto Patricia Wenk
Foto Patricia Wenk

Ayer hablamos de tus planes, de los planes de Dios, si Dios encierra las aguas marinas… el mira con ojos misericordiosos y gobierna el universo. Parece tan grande y tan lejano, y, es, al mismo tiempo tan cercano, tan pequeño que cabe en nuestro corazón. Tan cercano que hasta los secretos más guardados quedan a la luz.
Cuando una persona se pone delante de ti y empieza a contarte sus secretos le observo, ¡cuánto pudor le da hablar de algunas de sus cosas, porque cree que son secretos inconfesables!
Pues para Dios, amigo-a, no hay secretos, todo esta a la luz. No te ocultes de Dios, admite la luz en tu vida y las tinieblas se dispersan. Nada hay escondido para Dios, nada. Ni para tu espíritu si lo dejas a la luz de Dios.
Hasta mañana. Paz y bien.

Salmo 90-89

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.