salmo-56-55El contexto del salmo nos habla de una situación de peligro. Enemigos poderosos le rodean. El salmista pasa por penalidades.
Dios actúa.
Dios escucha, actúa, está presente, pero no siempre como a nosotros nos gustaría.
El recoge en un odre cada lágrima. Ninguna lágrima cae en tierra a nivel espiritual porque Dios la recoge antes. Lo cual quiere decir que Dios está presente también en el momento del dolor, de la prueba, de la muerte. Dios está siempre, muchas veces en silencio, cercano, discreto.

No lo olvides tampoco durante el día de hoy.

Salmo 56-55

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en masa.

Levántate en el día terrible,
yo confío en ti.

En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un mortal?

Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi vida.

Resérvalos para el desastre,
derriba con tu ira a los pueblos, oh Dios.

Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío.

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre?

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
 porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.

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