salmo-26-IIPienso que hay en este salmo aspectos hermosos y fuertes. Por un lado las luchas, las insidias, los enemigos que el ser humano va encontrándose en los caminos de la vida. Por otra la fuerza que encuentra la persona de fe en Dios.
Lo más doloroso es, casi siempre, las confrontaciones con la familia, en concreto, más todavía las de los padres e hijos. Mira hoy, con calma, la relación con tu papá, con tu mamá purifícalas.
¿Cómo?
Los padres son intermediarios, a través de ellos, viene la vida. Pero no son los dadores de vida. La vida es Dios en nosotros. Agradecidos, pero no esclavos de los padres. Padres, recuerden las sabias palabras del libro El Profeta; “tus hijos no son tus hijos, son hijos de la Vida”. Los hijos no son un  “anexo” tuyo, tienen su propia vida, su propia misión, acompáñalos si puedes, pero no los ates, porque no podrán volar.
Por eso dice: “aunque tu papá y tu mamá te abandonen yo nunca lo haré” (v.10).
Hasta mañana. Paz y bien

SALMO 27-26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro».
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

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