Foto Alejandro Vaccari
Foto Alejandro Vaccari

Este viernes de penitencia nos acerca a la Semana de Pascua, la llamada Semana Santa.
La abstinencia de carne o la penitencia, el ayuno, no tiene sentido en sí mismos.
No se trata de masoquismo.
No se trata de mostrarse superior a los demás.
La penitencia y el ayuno son instrumentos que nos ayudan a entender la misión en el planeta tierra.
Nos recuerdan de forma práctica que no somos solo carne o materia, sino espíritus encarnados peregrinos en busca de nuestro Hogar.
Nos recuerdan que apoyados solo en nuestras fuerzas y en los poderes materiales no vamos a ninguna parte.
Te recuerdan a ti y a mí que solo en la fuerza de Dios los embates de la vida son aventuras maravillosas que merecen la pena ser vividos con plenitud.
Feliz Viernes. Hasta mañana, paz y bien.

Salmo 18(17),2-3a.3bc-4.5-6.7.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador.
Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos.
Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,

me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí.
Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,

y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos.

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