Este es el himno de victoria del pueblo de Israel, al pasar por el mar Rojo y liberarse de la esclavitud para alcanzar la liberación. Libertad que conlleva la guía misericordiosa de Dios a través del desierto. De ahí esa maravillosa frase del cántico: guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado. De este mismo contexto te propongo la jaculatoria- mantra de hoy: Señor, guíame con misericordia por los caminos de paz. Amén.
Feliz jornada, bendiciones.

CÁNTICO DE MOISÉS
(Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18)

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes;
[las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.

Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo;
tu gran victoria destruye al adversario,
lanzas tu incendio, y los devora como paja.]

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano».

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

[Lo oyeron los pueblos y temblaron,
espasmos agarraron a los jefes filisteos,
se turbaron los toros de Edom,
temblores agarraron a los carneros de Moab,
flaquearon todos los jefes cananeos;

los asaltaron tu espanto y tu pavor,
los dejó petrificados la grandeza de tu brazo,
mientras pasaba tu pueblo, Señor,
mientras pasaba el pueblo que te habías comprado.]

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

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