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Tiene unos treinta años, aunque aparenta menos. Se ríe con frecuencia. Cualquiera que sea el tema en seguida entra en la conversación, como cuando salió a colación la oración por las demás personas. Lo dijo con fuerza y convicción, mientras dejaba uno de los celulares que trae en el bolsillo de su pantalón:

Antes no rezaba por los demás

Antes no rezaba por los demás
¿Por qué motivo? ─sonaron varias voces al unísono
Por el que conté varias veces. Yo no puedo rezar por alguien que no quiere cambiar. Cuando rezaba por otra persona me preguntaba por qué no tenían efecto mis peticiones, por qué esa persona seguía en el mismo camino, por qué Dios no me escuchaba. Comentando con una amiga esta situación me dijo que los demás no podían ser cómo yo quería, que cada una es como es y que por mucho que rece no van a cambiar. Pensé un tiempo sobre el tema y terminé con esta conclusión. Si por las personas que he rezado no ha habido cambio alguno significa que mi oración no puede ayudarlos y, por supuesto, no van a actuar como a mí me gustaría. Desde entonces, por un tiempo largo, no volví a rezar por otras personas.
¿Y ahora rezas por los demás?─ le pregunto.

Ahora sí rezo por los demás

Claro, ahora sí, porque he aprendido que se puede rezar respetando la libertad y las propias decisiones sin intentar cambiar a las personas, sin exigir que sean como a mí me gustaría─ hace un alto como esperando reacciones a su afirmación y continúa─, así pues, empecé a rezar de nuevo por los demás.
¿Cambió tu forma de orar?─ insisto.
¡Sí, pues! ¡Radicalmente! Ahora simplemente pido la misericordia de Dios sobre la persona por la que rezo. Pido que se haga en ella la voluntad de Dios. Que aprenda por comprensión y no por dolor. Desde que lo hago así, descubrí que la oración es eficaz.
Creo que es razonable lo de mi amiga. Y le podemos añadir que la oración ejercita nuestra generosidad. Cuando rezas por otro y lo haces desde el corazón ejercitas el amor. Uno ayuda con su buena intención a los demás sin esperar recompensa porque la oración no se puede contar ni medir.

El libre albedrío

Es hermoso a nivel espiritual saber que estamos ligados por los sutiles hilos del amor manifestados en la oración de unos por los otros, siempre respetando el libre albedrío y la voluntad de Dios.
Es muy lindo hacer cosas por los demás que no se puedan medir, supone que son actos de gratuidad, donaciones que nadie puede cuantificar, solo dejan en la atmósfera los suaves Susurros del Amor Verdadero.

Gumersindo Meiriño Fernández

Fuente: www.gumersindomeirino.com

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One thought on “Rezar por los demás

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