Río Uruguay, foto www.deoao.org

Salmo para celebrar la fiesta de la Venida del Espíritu Santo, Pentecostés.
Aliento de Vida, Viento, Agua que fertiliza, vestido de Luz, fuego ardiente, belleza y esplendor, despliegas los cielos, paseas sobre las alas del viento …, son los tiempos del Espíritu Santo…
Unidad- Paz- Amor…, aunque los seres humanos, en ocasiones, renunciemos a estos hermosos dones, siempre están ahí, a disposición de los que las anhelan y buscan con corazón entero…
Si no pudiste hacer el Decenario al Espíritu Santo, puedes empezarlo hoy, día su fiesta, haz clik aquí.
Salmo- Jaculatoria- Mantra: «Envías tu aliento y los creas y renuevas la faz de la tierra«.

SALMO 104-103

Bendice, alma mía, al Señor:
Señor Dios mío ¡qué grande eres!

Te revistes de belleza y esplendor.
Te vistes de luz como de un manto,
despliegas los cielos como una tienda.

Construyes sobre las aguas tus salones,
las nubes te sirven de carroza
y paseas sobre las alas del viento.

Los vientos te sirven de mensajeros,
el fuego ardiente, de ministro.

Asentaste la tierra sobre su cimiento
para que nunca más vacile;
la cubriste con el océano como un manto,
y las aguas persistían sobre los montes,

pero ante tu bramido huyeron,
ante tu voz tonante se precipitaron,
escalando montañas, descendiendo valles,
hasta el puesto asignado;
trazaste una frontera infranqueable,
para que nunca más aneguen la tierra.

Haces brotar fuentes en los valles,
que fluyen por las quebradas,
para que se abreven las bestias del campo,
y apacigüen su sed los asnos salvajes.

A su vera habitan las aves del cielo,
y entre su fronda entonan su canto.

Desde tus salones riegas las montañas,
la tierra se empapa con tu acción fecunda.

Haces brotar hierba para el ganado
y vegetales para el cultivo del hombre:
para que saque trigo de la tierra
y vino que le alegra el corazón;
aceite para abrillantar su rostro,
y pan que lo fortalece.

Se sacian los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó.

En ellos anidan los pájaros,
en su copa pone su casa la cigüeña.
Los riscos son para los rebecos,
las peñas, madrigueras de tejones.

Actúa la luna según sus fases
y el sol conoce su ocaso.
Caen las tinieblas y viene la noche,
y rondan las fieras de la selva.

Los cachorros rugen por su presa
reclamando a Dios su comida.

Al brillar el sol se retiran
para tumbarse en sus guaridas.
Sale el hombre a su tarea,
a su trabajo hasta el atardecer.

¡Cuántas son tus obras, Señor,
todas las hiciste con sabiduría:
la tierra está llena de tus criaturas!

Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él se agitan innumerables
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que hiciste para jugar con él.

Todos ellos esperan de ti
que les des comida a su tiempo.
Se lo das y lo atrapan,
abres la mano y se sacian de bienes.

Escondes el rostro y se anonadan,
les retiras el aliento y expiran,
y vuelven al polvo.
Envías tu aliento y los creas
y renuevas la faz de la tierra.

¡Gloria al Señor por siempre
goce el Señor con sus obras!

Cuando mira la tierra, ella tiembla,
toca las montañas, y echan humo.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista.
Suba hasta él mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.

¡Desaparezcan de la tierra los pecadores,
que los malvados nunca más existan!

Bendice, alma mía, al Señor. Aleluya.

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