¿Por qué existen las injusticias? ¿Por qué sufren los inocentes?…
Aquí en la tierra hay preguntas que quedarán si respuesta. Pero sí hay una salida, a todas las preguntas, que propone el salmo de hoy, «¡qué el Señor les bendiga!». En resumen, no maldigas, bendice. Si bendices, la semilla que siembras es buena, dará su fruto.
Esta es la jaculatoria-mantra propuesta para hoy: ¡El Señor me bendiga. En el nombre del Señor bendigo!
Feliz jornada amigo-a. Te bendigo, en el nombre de Dios.

SALMO 129-128

Cuánta guerra me han hecho
desde mi juventud
–que lo diga claramente Israel–,
cuánta guerra me han hecho
desde mi juventud
pero no pudieron conmigo.

Roturaron mi espalda los aradores,
trazaron sus largos surcos.

Rompa el Señor, el justo,
las correas de los malvados.
Retrocedan derrotados
los que odian a Sión:
sean como hierba de la azotea,
que se seca antes de arrancarla;

que no llena la mano del segador,
ni la brazada del gavillador,
ni los transeúntes pueden decir:

¡Que el Señor los bendiga!
Los bendecimos en el Nombre del Señor.

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