Hito 3 Fronteras, Iguazú, foto Omar Specchiulli

Este salmo invita a la oración como una fuerza poderosa contra el mal.
A veces uno piensa qué puedo hacer ante situaciones que se nos escapan de las manos y nos parecen dolorosas…, pues llama, para que, -como dice el salmista y yo te propongo como jaculatoria-mantra-decreto- «el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo opondré mi oración a su malicia«.
Recuerda que la oración sin maldad asciende, «sube como incienso» a la presencia de Dios.
Feliz jornada, bendiciones.

 

Salmo 141 (140)

Señor, te estoy llamando, ven deprisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios:
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su malicia.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

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