Vestido de forma llamativa y elegante se abrió paso con autoridad y atropelló a un pequeño grupo de mujeres que estaba conversando. Una de ellas no se apartó. La miró desafiante y le dijo: —¿Me puede dejar pasar…., señora?.
Ella le miró a los ojos y contestó, —“¿por qué me voy a apartar?, ¿está enfermo?, ¿tiene alguna urgencia?”
El hombre la miró de soslayo y entredientes susurró, —“¿qué pasa no sabe con quién está hablando?, ¿no sabe quién soy?”
Ella respondió suavemente: —No sé su nombre, pero sí sé cómo se comporta: como un señor maleducado y grosero, que no sabe pedir permiso cuando pasa por delante de unas señoras. El hombre se apartó y siguió su camino.
¿No sabes quién es?, ¿cómo has hecho eso? —le comentaron las del grupo.
Al poco rato regresa uno de los que acompañaban al “poderoso”, le da una tarjeta a la señora y le dice: ––Mi jefe quiere hablar con usted, le gustaría recibirla en su despacho dentro de dos horas.
La mujer respondió: —Mire, no conozco a su jefe; dentro de dos horas estaré trabajando. Pero si él quiere hablar conmigo lo puedo atender al terminar mi horario de trabajo; si quiere venir en ese momento lo recibiré con gusto.
No te pongas de rodillas delante de ningún ser humano, no le temas a nadie, no te humilles ante nadie.  Cualquier ser humano, por mucho poder que tenga, es de carne y hueso como tú.
Recuerda: «Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes”. Este puede ser tu mantra-jaculatoria-decreto de hoy.
Hasta mañana, paz y bien.

Salmo 24-23

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe, y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

-¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

-El hombre de manos inocentes,
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

-Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

–¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

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