Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
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Peticiones muy fuertes, las del salmo que acude al juicio de Dios para que el fuego divino, purifique, «escrute» y «aquilate». Aunque se reconoce inocente, pide compasión, liberación, que le ponga a prueba.
Jaculatoria: Mi pie se mantiene en el camino recto.
Buen Camino, hasta mañana, paz y bien.
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Escúchalo o léelo:

Salmo 25

Júzgame, Señor, que obro con honradez,
si confío en el Señor, no vacilaré.
Escrútame, Señor, ponme a prueba,
aquilata mis entrañas y mi corazón;
porque tengo ante mis ojos tu amor
y camino con fidelidad a ti.

No me reúno con idólatras,
no tengo trato con los hipócritas;
detesto la banda de malhechores,
y con los malvados no me siento.

Me lavo las manos como inocente
y doy vueltas en torno a tu altar, Señor,
proclamando mi acción de gracias
y contando tus maravillas.
Señor, amo vivir en tu casa,
el lugar donde reside tu Gloria.

No permitas que muera entre pecadores,
ni que perezca entre sanguinarios
cuya izquierda está llena de infamia,
y su derecha repleta de soborno.

Yo en cambio obro con honradez:
sálvame, ten piedad de mí.
Mi pie se mantiene en el camino recto,
en la asamblea bendeciré al Señor.

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