El salmo muestra como es  la justicia divina: delante de Dios nadie es justo ni se puede justificar. Pero, delante de Dios todos se justifican porque El solo aplica la Misericordia.
No te gloríes de tus buenas obras, no presumes y te consideres mejor que los demás, no te compares a nadie, pues, lo único que pueda salvarte, cuando estés delante de Dios, ES SU MISERICORDIA.
Es fin de año: Analiza tu vida con este trasfondo. Mira con quién te juntas, investiga qué me hace bien y qué me hace mal. Elimina lo malo y recupera lo bueno.
Este puede ser tu mantra- decreto- jaculatoria: Confío en la misericordia de Dios.
Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 26-25

Júzgame, Señor, que obro con honradez,
si confío en el Señor, no vacilaré.
Escrútame, Señor, ponme a prueba,
aquilata mis entrañas y mi corazón;
porque tengo ante mis ojos tu amor
y camino con fidelidad a ti.

No me reúno con idólatras,
no tengo trato con los hipócritas;
detesto la banda de malhechores,
y con los malvados no me siento.

Me lavo las manos como inocente
y doy vueltas en torno a tu altar, Señor,
proclamando mi acción de gracias
y contando tus maravillas.
Señor, amo vivir en tu casa,
el lugar donde reside tu Gloria.

No permitas que muera entre pecadores,
ni que perezca entre sanguinarios
cuya izquierda está llena de infamia,
y su derecha repleta de soborno.

Yo en cambio obro con honradez:
sálvame, ten piedad de mí.
Mi pie se mantiene en el camino recto,
en la asamblea bendeciré al Señor.

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