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A pesar de lo dicho en los primeros versos, que meditamos ayer, el salmista reconoce un cierto miedo que le hace levantar los ojos, la súplica al cielo, que le hace buscar el rostro de Dios.
La inseguridad, el sentirse abandonado…, sentimientos que nos parecen negativos pero que, en muchas ocasiones, nos despiertan la parte espiritual, y buscamos la Luz de lo Divino, ponemos en marcha la FE…
La respuesta, surge de la última estrofa como un fogonazo de esperanza y que puede servirte como
Jaculatoria: Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo.
Buen Camino, nos vemos mañana.
Léelo o escúchalo:

También puedes hacer un triduo a San Antonio de Padua,  cuya fiesta es el 13 de junio, orando desde hoy el famoso RESPONSO DE SAN ANTONIO, para ello  haz clik aquí.

Salmo 26 B

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

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