Río Paraná, imagen Irupé Dacunda

La primera fase del salmo podría traducirse, en lugar de «Me has librado», «has tirado de mí».
En el momento más difícil cuando el ser humano baja a la fosa de la muerte, Dios interviene y tira hacia arriba y libera. La experiencia de la muerte y de la vida, articulada en la polaridad: bajada/subida; silencio/cántico, genera un significativo; abismo/vida; fosa/vida; sayal/fiesta; callar/cantar. … Dios intervine y cambia la realidad por eso termina el salmo, y puede ser tu mantra- jaculatoria- decreto, diciendo: Mi corazón canta sin cesar, te daré gracias siempre.
Paz y bien, hasta mañana.

SALMO 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás».
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme».

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse,
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

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