Imagen Paco Castro Miramontes. Alto do Cebreiro

 «Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»»
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La primera fase del salmo podría traducirse, en lugar de «Me has librado», «has tirado de mí».
En el momento más difícil cuando el ser humano baja a la fosa de la muerte, Dios interviene y tira hacia arriba y libera. La experiencia de la muerte y de la vida, articulada en la polaridad: bajada/subida; silencio/cántico, genera un significativo; abismo/vida; fosa/vida; sayal/fiesta; callar/cantar. … Dios intervine y cambia la realidad por eso termina el salmo, y puede ser tu mantra- jaculatoria- decreto, diciendo: Mi corazón canta sin cesar, te daré gracias siempre.
Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 29

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás».
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme».

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse,
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

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