Imagen de Ruth Dacunda

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
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En la primera parte del Salmo se muestra como el poeta está seguro de su suerte porque se ha puesto en manos de Dios. Esto no quita que tenga en cuenta los enemigos poderosos que le cercan. E incluso reconocerá, como veremos en la segunda parte de mañana, que es posible que llegue el dolor.
 Mantra: Se la roca de mi refugio.
O también: Inclina tu oído hacia mí.
Léelo o escúchalo:

Salmo 30 A

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;

Ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.

En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.

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