Imagen de Cristina Borello Meiriño

Jesús dijo a los judíos: Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
+++
El salmista se siente afianzado en Dios- lo vimos ayer- y ahora empieza a relatar su pesar.
Primero sus dolencias físicas, luego sus problemas de relaciones con las demás personas para luego retornar a la confianza en Dios y a pedirle justicia contra los que le han causado los males, los enemigos.
Recuerda que los enemigos son siempre interiores: odio, ira, rencor, venganza…
Decreto- Mantra- Jaculatoria: Yo confío en ti, Señor (Adonai).
Bendiciones, hasta mañana si Dios quiere.
Escúchalo o léelo:

Salmo 30 B

Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.

Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.

Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.