La confianza en Dios, se fundamenta, según el salmista, en que Dios es roca, es refugio y fortaleza.
El salmo  te lleva en una ida y venida por los distintos estados emocionales del ser humano. Pero siempre aparece una estrella que si miras al Cielo, te guía.  Como en el caso de los Reyes Magos, que encontraron la estrella que les guió al Portal de Belén, donde había nacido Jesús. Hoy fiesta de Epifanía, mira lo que piensa un místico oriental, Yogananda, sobre esta fiesta haciendo clik aquí.
Puedes repetir este mantra- decreto- jaculatoria: «Por tu nombre, guíame, condúceme«.
Hasta mañana, bendiciones.

SALMO 31-30 I

En ti me refugio, Señor:
no quede yo nunca defraudado;
por tu justicia ponme a salvo.

Inclina tu oído hacia mí,
ven pronto a librarme,
sé mi roca de refugio,
mi fortaleza protectora;

tú eres mi roca y mi fortaleza:
por tu Nombre guíame, condúceme;
sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi protector.
En tu mano encomendaba mi vida:
y me libraste, Señor, Dios fiel.

Odias a quienes veneran ídolos vanos,
yo en cambio confío en el Señor.

Festejaré, celebraré tu fidelidad,
pues te fijaste en mi sufrimiento,
reparaste en mi angustia.

No me entregaste en poder del enemigo,
afianzaste mis pies en terreno espacioso.

Piedad, Señor, estoy angustiado:
se consumen de pena mis ojos,
mi garganta y mis entrañas;
mi vida se gasta en la tristeza,
mis años se van en gemidos,
por mi culpa decae mi vigor
y se consumen mis huesos.

Soy la burla de todos mis enemigos,
el asco de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de mí.

Me han olvidado como a un cadáver inerte,
soy como un cacharro inútil.
Oigo calumnias de la turba, –terror por doquier–
mientras, a una, se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida.

Pero yo confío en ti, Señor,
digo: Tú eres mi Dios.

En tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen.
Brille tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu amor.

Señor, que no fracase por haberte invocado;
que fracasen los malvados
y bajen llorando al Abismo.

Enmudezcan los labios mentirosos
que dicen insolencias contra el justo
con soberbia y desprecio.

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