Imagen Francisco J. Castro Miramontes ofm

En esta tercera parte el salmista describe la situación de acusación malvada en la que se mueve, acude a Dios como juez y de nuevo brota de su corazón un canto de acción de gracias que es duradero en el tiempo (todo el día).
En cualquier caso, el que confía en Adonai, nunca pierde la paz (Adonai da paz a su siervo)
Decreto: Y mi lengua anunciará tu justicia y tu alabanza todo el día.

Salmo 34 C

Que no canten victoria
mis enemigos traidores,
que no se hagan guiños
los que me odian sin razón;

porque hablan de paz
y contra los pacíficos de la tierra
traman planes siniestros.

Abren sus fauces contra mí; se carcajean:
Lo han visto nuestros ojos.

Tú lo has visto, Señor, no te calles,
Dueño mío, no te quedes lejos.
Despierta, levántate en mi juicio,
en defensa de mi causa, Dios y Dueño mío.

Júzgame según tu justicia, Señor Dios mío,
y no se reirán de mí,
ni pensarán: ¡Qué bien, lo que queríamos!;
tampoco dirán: ¡Lo hemos devorado!

Sean avergonzados y confundidos a una
los que se alegran de mi desgracia;
cúbranse de vergüenza e ignominia
los que se envalentonan contra mí.

Que se alegren y griten de júbilo
los que desean mi victoria,
y digan siempre: Sea enaltecido el Señor,
que da la paz a su siervo.

Y mi lengua anunciará tu justicia
y tu alabanza todo el día.

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