el-misterio-de-los-salmos-mPuede que alguna vez nos sintamos como el salmista que hoy invoca a Yhavé pidiendo que aparte de su camino a los enemigos que le atacan sin motivo.
Puede que alguna vez se den estas circunstancias en tu vida. Esta oración te ayudará a entender la situación. Pero no olvides que los peores enemigos son los que trabajan por dentro en tu mente, el egoísmo, la envidia, la avaricia, la maledicencia, el hablar mal de los demás, el orgullo…, enemigos poderosos, ya lo hemos dicho más de una vez. El Señor sale en tu defensa si no te dejas embaucar por esos sutiles y poderosos enemigos. Hasta mañana, bendiciones.

SALMO 35 (34) I

Litiga, Señor, contra mis litigantes,
ataca a mis atacantes;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi ayuda;

blande la espada y la pica
contra mis perseguidores;
dime: ¡Yo soy tu victoria!

Sufran una derrota vergonzosa
los que me persiguen a muerte,
retrocedan humillados
los que planean mi desgracia;

sean como tamo al viento,
acosados por el ángel del Señor;
sea su camino oscuro y resbaladizo
perseguidos por el ángel del Señor.

Porque sin motivo me tendían redes
sin motivo me cavaban zanjas mortales.
Que los sorprenda una desgracia imprevista,
que los enrede la red que escondieron
y caigan dentro de la zanja.

Yo festejaré al Señor
y celebraré su victoria.

Todos mis huesos proclamarán:
Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al débil y pobre del explotador?

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