La enfermedad y el pecado, el desprecio y los malos deseos, la calumnias de los enemigos e incluso de los amigos…, llega un momento en el que ya solo queda una senda que es la de acudir a que Dios te proteja y cuide. Por eso el salmista dice, y es el mantra- decreto- jaculatoria que te propongo para hoy: «Adonai (Señor), ten misericordia, sáname«.
Nos viene como anillo al dedo este mantra en el día de la Virgen de los Dolores, que se celebra hoy, y que atrae a muchas personas, para saber más sobre ella PULSA  AQUÍ.
Bendiciones, hasta mañana.

Salmo 40

Oración de un enfermo

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti».

Mis enemigos me desean lo peor:
«a ver si se muere, y se acaba su apellido».

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse».

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

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