Foto Wanda Schmocker

¡Señor, sáname! Es el grito de este salmo y es una hermosa oración. ¡Señor, sáname! Sana mi ira, mi rencor, mi egoísmo, mi pereza, mis palabras hirientes, mis … Sana mi cuerpo, mi mente,  para que  nunca, ¡nunca! mi espíritu esté atormentado. Sáname también de toda maledicencia, de toda persona malvada…
En vano, es repetir que  la jaculatoria-mantra-decreto de hoy: «¡Señor, sáname!«.
Mañana es la fiesta de un gran santo que fue uno de los iniciadores de la espiritualidad de los padres del desierto y es considerado protector de los animales, San Antonio abad, para conocerlo mejor o hacer una oración haz clik aquí.
Hasta mañana. Feliz día. Bendiciones.

SALMO 41-40

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti».

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido».
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse».

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

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