Hay momentos  que son importantes, decisivos. Son los que dan la temperatura al resto de la jornada. Uno de ellos es el primer segundo después de despertar. ¿En qué piensas en ese segundo? El salmista dice a Dios: “por la mañana te expongo mi causa“. El otro día un buen amigo psicólogo comentaba: “ayer de casualidad se me ocurrió mirar el diario que estaba encima de la mesa a primera hora de la mañana y la noticia de la contraportada era horrenda. Tarde varias horas en reponerme y en concentrarme plenamente en mi jornada laboral“.
Jaculatoria-mantra- decreto: “Por la mañana mi primer pensamiento es de paz y optimismo“.
Bendiciones, feliz jornada

Salmo 5

Escucha mis palabras, Señor,
percibe mi susurro;
atiende mi grito de socorro,
¡Rey mío y Dios mío!

A ti te suplico, Señor:
por la mañana oye mi voz;
por la mañana te expongo mi causa,
¡estaré pendiente de ti!

Tú no eres un Dios que desee el mal,
el malvado no es tu huésped,
ni el impío resiste tu mirada.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
a sanguinarios y traicioneros
los aborrece el Señor.

Yo en cambio, por tu gran bondad,
puedo entrar en tu casa
y postrarme en tu santuario
con toda reverencia.

Guíame, Señor, con tu rectitud
en respuesta a mis detractores;
allana tu camino ante mí.

En su boca no hay sinceridad,
sus entrañas son pura maldad,
su garganta, un sepulcro abierto
y su lengua portadora de muerte.

Castígalos, oh Dios, que fracasen sus planes:
por sus muchos crímenes, expúlsalos,
porque se han rebelado contra ti.

Que se alegren los que se refugian en ti
canten con júbilo eterno.
Protégelos y se regocijarán contigo
los que aman tu Nombre,
porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea tu favor.

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