El salmista nos va llevando con este salmo por los caminos que a veces transita el ser humano tan cercanos al mal. Desde las desgracias externas, todos los tormentos que pueden llegar al ser humano. El mal viaja por el mundo y, a veces, parecer llenarlo todo. Pero el salmista deja un espacio para encontrar «refugio».
Esta la jaculatoria- mantra- decreto que te propongo, tomada del mismo salmo: «Atiéndeme y respóndeme…, me apuraré a buscar refugio».
Hasta mañana paz y bien. Bendiciones

SALMO 55-54 I

Dios mío, escucha mi oración,
no seas insensible a mi súplica;
atiéndeme y respóndeme.

La congoja me llena de inquietud;
estoy turbado por los gritos del enemigo,
por la opresión de los malvados:
porque acumulan infamias contra mí
y me hostigan con furor.

Mi corazón se estremece dentro de mi pecho,
me asaltan los horrores de la muerte,
me invaden el temor y el temblor,
y el pánico se apodera de mí.

¡Quién me diera alas de paloma
para volar y descansar!
Entonces huiría muy lejos,
habitaría en el desierto.

Me apuraría a encontrar un refugio,
contra el viento arrasador y la borrasca.

Confunde sus lenguas, Señor, divídelas,
porque no veo más que violencia
y discordia en la ciudad,
rondando día y noche por sus muros.

Dentro de ella hay maldad y opresión,
en su interior hay ruindad;
la crueldad y el engaño
no se apartan de sus plazas.

One thought on “Salmo 55 (54) I, cada día uno de febrero, apresúrate a buscar refugio

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