Imagen Ruth Dacunda

Ya conocemos este triángulo: 1. el enemigo 2. las grandes penas que le causa al salmista  3. la actuación de Dios.
Los enemigos son fieras agazapadas ávidas de presa, agresivos que pisotean al inocente. Este reacciona con cierto temor, con lágrimas y fatigas, pero sin perder la confianza en Dios. Al saber que Dios está de su parte, -ya la conocemos de otros salmos-,  su boca se llena de alabanzas.
Es comprensible el miedo y la huida cuando ante los enormes peligros pero también es posible la plena confianza en Dios. Por eso salmista repite, puede ser la jaculatoria de hoy: En Dios confío  y no temo.
Pero también puede ser este el mantra- decreto: Para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.
Para los católicos hoy es el día de la fiesta de la Virgen del Rosario para conocer más pulsa aquí.
Paz y bien, hasta mañana.

Salmo 55
Confianza en la palabra de Dios

Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en masa.

Levántate en el día terrible,
yo confío en ti.

En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un mortal?

Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi vida.

Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu orbe, Dios mío.

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre?

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.

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