Tigre- Buenos Aires, imagen Cristina Borello Meiriño

La situación es lamentable, según el inicio del salmo.
El causante  es Dios, que ha dado a beber a su pueblo «una copa», un «vino de vértigo». En esto se basa la queja confiada del salmista que pide, una vez más, que Dios intervenga. La confianza en Dios, lleva otra vez más a la esperanza. La certeza de que Dios se mostrará y renovará las grietas que amenazaban ruina.
Mantra- Jaculatoria- Decreto: Con Dios haremos proezas.
o también: Dios habló en su Santuario.
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Hasta mañana, paz y alegría. Amén.

Salmo 59

¡Oh Dios!, nos rechazaste y rompiste nuestras filas;
estabas airado, pero restáuranos,
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.

Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de los arcos.

Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos responda.

Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;

mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;

Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»

Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas?

Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.

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