Salmo 70 gumersindo meiriñoLa ancianidad forma parte de la existencia. Este anciano, el del salmo, repasa su vida, agradece y se refugia en Dios.
La persona que va cumpliendo años es  un alma maestra, a la que se debe escuchar y respetar.
Analiza tu vida, mira lo que has hecho hasta hoy y refléjate en la oración del anciano del salmo, ¿en cuántas cosas te ves retratado?, ¿en cuáles te gustaría estarlo?
Puedes repetir este mantra-jaculatoria del salmo: ¡Oh Dios, no te quedes lejos, apresúrate a socorrerme!
Hasta mañana, bendiciones. Paz y bien
Hoy se celebra el día  san Cayetano, al que millones de personas hoy acudirán para pedir, pan y trabajo, sobre todo, en Sudamérica.

SALMO 71-70

A ti, Señor, me acojo
nunca quede defraudado.
Por tu justicia, líbrame y rescátame;
tiende tu oído hacia mí y sálvame.

Sé mi roca de refugio, siempre accesible,
la que prometiste para liberarme,
pues mi peña y mi alcázar eres tú.

Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y opresor.
Tú eres mi esperanza, Señor mío,
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.

Desde el seno materno me apoyaba en ti,
desde la entrañas de mi madre me sostenías.
¡A ti la alabanza continua!

Eres un prodigio para muchos,
pues tú eres mi refugio fortificado.
Llena está mi boca de tu alabanza,
de tu elogio todo el día.

No me rechaces ahora en la vejez,
no me abandones, cuando decaen mis fuerzas,
porque mis enemigos hablan de mí,
quienes me espían dictaminan:

Dios lo ha abandonado,
persíganlo, aprésenlo,
que no hay quien lo libre.

Oh Dios, no te quedes lejos,
Dios mío, apresúrate a socorrerme.
Sean confundidos y humillados
los que atentan contra mi vida;
cúbranse de humillación y de vergüenza
los que buscan mi daño.

Yo en cambio esperaré siempre,
reiterando tus alabanzas.

Mi boca anunciará tu justicia
y tu salvación todo el día,
aunque no sepa contarla.

Entraré en tu fortaleza, Señor mío,
recordaré tu justicia, Señor, sólo tuya.
Me instruiste, Dios mío, desde mi juventud
y hasta hoy he anunciado tus maravillas.

Ahora, en la vejez y en las canas,
no me abandones, oh Dios,
hasta que anuncie tu poder a la asamblea
y a cuantos entran en tu fortaleza.

Tu justicia, oh Dios, llega hasta el cielo
porque has hecho cosas grandes:
oh Dios, ¿quién como tú?

Aunque me hiciste pasar
por muchas angustias y desgracias
me devolverás la vida,
y de las simas de la tierra
me sacarás de nuevo.

Acrecentarás mi dignidad,
y me rodearás de tu consuelo.

Te alabaré a plena voz con el arpa,
Dios mío, por tu fidelidad;
tocaré la cítara en tu honor,

Santo de Israel.
Te aclamarán mis labios
–cantando para ti–
y también mi vida,
la que tú rescataste.

Incluso mi lengua
proclamará tu justicia todo el día.
¡Queden confundidos y humillados
los que buscaban mi daño!

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