meirino gumersindo oseiraAyer decíamos con el salmista, «levanto los ojos a lo Alto…» hoy, casi como en otro grito de ayuda, el salmista dice, «tiende tu oído hacia mí»…
Escucha, escucha bien, con amor, con atención, con paciencia, con…, sabiduría, (porque también para ser maestro de escucha, hay que saber cortar una conversación que se extiende o se alarga innecesariamente, en la que pierde tiempo el que habla y el que escucha)…..
Dios está atento a lo que tú le dices, inclina su oído y te escucha. Hoy pregúntale a la persona más cercana a ti, ¿soy una persona que escucho?, ¿sé escuchar?  A lo mejor te llevas una pequeña sorpresa. Paz y bien, hasta mañana. Bendiciones.

SALMO 72-71; 1:1-6, 15, 17

A ti, Yahveh, me acojo,
¡no sea confundido jamás!
¡Por tu justicia sálvame, libérame!
¡tiende hacia mí tu oído y sálvame!

¡Sé para mí una roca de refugio!,
alcázar fuerte que me salve,
pues mi roca eres tú y mi fortaleza.

¡Dios mío, líbrame de la mano del impío,
de las garras del perverso y del violento!
Pues tú eres mi esperanza,
Señor, Yahveh, mi confianza desde mi juventud.

En ti tengo mi apoyo desde el seno,
tú mi porción desde las entrañas de mi madre;
¡en ti sin cesar mi alabanza!
publicará mi boca tu justicia,
todo el día tu salvación.

¡Oh Dios, desde mi juventud me has instruido,
y yo he anunciado hasta hoy tus maravillas!

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