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Nos escribe, -y no es la primera vez- asombrada por el salmo que acaba de leer. De paso aprovecha  para darme un buen consejo. Dice:-Hola. Los salmos que nombran un Dios castigador, ejecutor, ¡no me gustan!. Yo sigo el Nuevo Testamento, la palabra de Jesús.
Este tipo de salmos, eran para la gente antigua, que era muy ignorante, creía en dioses de oro y mitológicos,  para que fueran entendiendo cosas. Había que poner un Dios temeroso y castigador.
Uno de mis familiares es ateo total, porque lo obligaban a leer esos salmos y lecturas de un Dios que mandaba matar, que castigaba, y lo castigaban a veces a leer esa parte.
El nunca le entró en la cabeza, eso, si Dios nos hizo y nos quiere, ¿cómo va a hacer eso?
Pues bien querida Antonia. Tienes mucha razón. Solo añado algunas apreciaciones necesarias para entender los salmos.
Primero son escritos de hace miles de años, tienen su contexto y actualmente tienen una interpretación mística- espiritual. A saber: los enemigos a los que hay que matar, pisarle la cabeza, destruirlos por completo son enemigos reales y a los que hay que tener en cuenta a nivel místico. Son estos: envidia, egoísmo, soberbia, maledicencia, amargura…, ENEMIGOS PODEROSOS  a los que conviene destruir totalmente, aniquilar por completo.

Antonia termina dándome el consejo, oportuno: – Creo debíamos,  ya, no publicar estos salmos. En las iglesias hay que leer las lecturas, pero hay un sacerdote o ministro que las explica. Y debían darle más atención a eso y explicarlo a estos tiempos. Hablemos mas de Jesús lo que nos enseñó. Salmos positivos. Cada uno pagará el mal hecho en su tiempo.

Sigo estando de acuerdo con usted, hablemos más de paz, de concordia, de alegría, de lo positivo…., para ello solo hay un camino, reconocer cómo aniquilar y pisar la guerra, la discordia, la tristeza, lo negativo…, justo lo que proponen los salmos y lo que anunció Jesús. Cuando uno ama la paz, de la misma forma desprecia la guerra; el generoso, a la miseria; el humilde a la soberbia… Donde hay luz no puede haber oscuridad, se «llevan a matar».

Ahora bien, Antonia, si no se “pisotea” la soberbia, ¿nace la humildad en el corazón? Si no se aniquila –cuanto más pequeña sea mejor- la envidia, ¿habita en el corazón el amor puro?

Gumersindo Meiriño Fernández

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