atardecer.gumer.meirino¿¡Cómo te ha ido la semana!?

Es una persona que llama la atención por su porte, por su forma de hablar, por su físico, aunque los ojos denotan cansancio. Comenta: “Me cuesta dormir. Algunas noches, apenas, “pego ojo”.

Le pregunto: “¿En qué piensas cuando estás despabilado?”

Contesta: “En mi trabajo, en mis negocios, en las cuentas y en lo que tengo que hacer al día siguiente. Después me quedo con un sueño tan ligero que no recuerdo si dormí o estaba despierto. Me levanto cansado”.

Le recomiendo: “Cada tarde cuando dejes el lugar del trabajo, antes de partir del despacho anota en tu agenda lo que tienes que hacer para el día siguiente. Haz una oración breve, bendice tu agenda y vete a tu casa en paz. Deja ahí en el despacho todas tus preocupaciones y vete a ocuparte de tu familia, de tus amigos, de tus ocios.

Antes de dormir reza solo o con tu esposa el salmo cuatro”.

El sueño es un momento importante. No se trata de dormir muchas horas, si no de dormir bien, en paz, descansar para al día siguiente estar en forma y llevar una vida plena.

Por eso pase lo que pase a lo largo del día, sean cuales sean las batallas que me esperan al día siguiente, dejo todo en manos de Dios porque “en paz me acuesto y, en seguida me duermo, porque solo Tú Señor, me haces dormir tranquilo”

Dulces sueños en los brazos de Dios Padre y Madre. ¡Hasta la semana que viene!

Gumersindo Meiriño

Salmo 4 

En paz me acuesto

(cfr. Éx 9,4; 11,7; 2 Cor 7,4; Gál 5,22; 1 Tes 1,6).

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;

tú que en el aprieto me diste anchura,

ten piedad de mí y escucha mi oración.

Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,

amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,

y el Señor me escuchará cuando lo invoque.

 

Temblad y no pequéis,

reflexionad en el silencio de vuestro lecho;

ofreced sacrificios legítimos

y confiad en el Señor.

 

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,

si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»

Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría

que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y enseguida me duermo,

porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo

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