No sabemos quién es el autor de esta pequeña y maravillosa oración. Sí sabemos quién la hizo famosa al colocarla al inicio de uno de los libros que más ha influido en la espiritualidad de los últimos siglos, Ejercicios Espirituales, del fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola. Verán que, por ese motivo, se la atribuyen a él, aunque es una oración más antigua.
Se suele recitar en dos coros. Alguien dice la primera parte, por ejemplo, Alma de Cristo y el resto de la gente responde Santifícame…
Te recomiendo que la reces con frecuencia, que la escribas de tu puño y letra, la pongas en tu bolsillo y la saques en los momentos difíciles, de oscuridad, de angustia, de tristeza, de pena, de confusión …, es, ¿cómo podríamos llamarla?, una oración refugio.
Una oración refugio porque te puedes meter en las profundas y misteriosas palabras recitadas a diario por millones de personas y sentirte bajo el manto azul del Amor de Dios.
En Chile y en otros países como previsión de los terremotos están señalados los lugares de evacuación en caso de  peligro. Esta oración es como el refugio al que has de acudir en la múltiples circunstancia de cada día.
Estás paseando por el bosque y de repente se desprende una tormenta de lluvia y rayos. En seguida, buscas un albergue, un refugio temporal hasta que pase la tormenta.
Fíjate, ¿qué albergue más protegido que este?:
“¡Dentro de tus llagas escóndeme!”.
¡Adiós a cualquier tempestad, terremoto, enfermedad o tsunami!
Ante cualquier inconveniente ordinario o extraordinario te la recomiendo;  cualesquiera que sean los avatares de cada día,  unidos en esta súplica maravillosa, una de las más populares de los últimos siglos, nos vamos a nuestro refugio de Amor, al que nos lleva la oración, así llamada, Alma de Cristo.
Gumersindo Meiriño Fernández

oracion.refugio.

Oración: Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Oración y textos tomados de, G. MEIRIÑO FERNÁNDEZ, Llamando a las puertas del Cielo. Libro de Oraciones, De Oriente a Occidente, 2016, pp. 119 y ss., ISBN 978 -987-1621-19-4

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