espiritu-santoLectura y reflexión para el día tercero del Decenario al Espíritu Santo.

Evangelio según San Mateo 28,16-20:
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

●●●

Reflexión:

Las apariciones de Jesús Resucitado marcan la vida de sus discípulos y más, en concreto, la de sus apóstoles. Es la necesidad de compartir los dones recibidos. Estos dones son espirituales, son dones del cielo, dones que cuanto más se comparten, mas llenan el corazón y el alma del que los da, sin esperar nada a cambio. Por eso esta llamada a compartir no es una exigencia de ganar adeptos, de convencer a los demás…, es una llamada a compartir con generosidad, con alegría, con fe…,

Al malinterpretar estas palabras surgen las luchas entre distintas confesiones, lo que pasó los primeros siglos del cristianismo: “yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de…”(cf. 1 Cor. 3, 4 ss.) Ahora dicen, yo soy católico, yo soy protestante, yo soy baptista, yo soy musulmán, yo soy judío….. Dios es de todos y de nadie. Dios no tiene partido político, ni necesita que ningún adepto le defienda. Dios envía al Espíritu Santo que sopla donde quiere y penetra los corazones buenos, generosos, nobles…, sin tener en cuenta su confesión religiosa.

Dios está siempre presente con nosotros hasta el fin del mundo.

Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de Sabiduría. Amén.

***

Santa Teresa de Calcuta, decía:

Las obras del amor siempre son obras de la paz. Cada vez que compartís el amor con los demás, acentuáis la paz en vosotros mismos y en los hermanos. Donde hay paz ahí está Dios. Dios nos muestra su amor y se hace presente en nuestras vidas inundando nuestros corazones de su paz y de su alegría. 

Condúceme de la muerte a la vida, 
Del error a la verdad. 
Condúceme de la desesperanza a la esperanza, 
Del temor a la confianza. 
Condúceme del odio al amor, 
De la guerra a la paz. 
Haz que la paz colme mi corazón, 
Llene el mundo y nuestro universo: 
Paz, paz, paz.

Oraciones finales

¡Espíritu Santo envía sobre mí, sobre mi familia, sobre mi trabajo los siete dones para que se haga la voluntad de Dios sobre mí y sobre toda la creación!
Ilumina mi mente para descubrir tu voluntad, fortalece mi voluntad para cumplirla Por Jesucristo nuestro Señor Amén.
¡Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!
¡Jesús en ti confío!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *