Andy Sheppard vía Forth Road Bridge
Andy Sheppard vía Forth Road Bridge

Durante nuestra estancia en Escocia cruzamos los tres puentes que conectan a Edimburgo con el norte de Gran Bretaña.
Primero en autobús pasamos el fiordo de  Forth por el recién estrenado−eran los primeros días en los que se abría a la circulación− puente del siglo XXI, llamado Queensferry Crossing. A las pocas horas en otro “bus” hicimos el recorrido a Inverness, después de cruzar por el puente del siglo XX, el llamado Forth Road. Y por último en tren, unos días más tarde, en nuestro regreso de las Highlands escocesas, llegamos al corazón de la capital de Escocia por el puente Forth, que es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y famoso por su estructura roja de vigas en ménsula. Este emblemático puente de tren de Edimburgo,  fue construido en el siglo XIX.
Del siglo XIX al siglo XXI, estos tres puentes son testigos del avance de la humanidad en progreso, estructuras y evolución material. Un escocés le decía a una pareja amiga que iba al lado, sáquenle fotos son tres puentes de tres siglos distintos, son tres testigos de nuestra reciente historia.
Mientras escuchaba las explicaciones de cada uno de ellos vino a mi mente un tema que es de cierta frecuencia en las conversaciones cotidianas. “No sé a dónde iremos a parar” “¡qué mal vamos, con esto del calentamiento global!” ¡El mundo está perdido! ¡Cada vez vamos a peor!”…
Al tiempo que se perdía en el horizonte el rojo emblemático del puente del siglo XIX,  me fijaba en el novísimo Queensferry Crossing del siglo XXI. Es verdad que con el paso del tiempo se dejan cosas atrás hermosas, lindas, positivas…, no se puede llevar todo, encima, con uno. Pero también es verdad que lo nuevo tiene muchas cosas positivas. El novísimo puente es más funcional, más seguro, tiene otra estética, se construyó mucho más rápido, es más práctico…
El ser humano evoluciona positivamente. La mayoría de los cambios son a mejor. Ahora bien, el progreso y la evolución traen herramientas más poderosas. Si se usan para el mal, se puede hacer mucho mal, si se usan para el bien se puede hacer mucho bien.
Mientras escribo miro de reojo el tren de Scotrayl en el que viajo que sobrepasa a velocidad el puente rojo, el más emblemático de Edimburgo, y no tengo más que dar gracias a Dios por vivir en este siglo XXI, con sus grandes adelantos, sus avances, y, también, ¿por qué no?, por algunos ”males” que han nacido con esa evolución.
Saludos y bendiciones, desde el puente de Forth, Edimburgo, Escocia

Gumersindo Meiriño Fernández

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